domingo, 3 de noviembre de 2013

What's the story morning glory?


Estoy en uno de esos días en los que ni siquiera yo me conozco a mi misma, uno de esos días en los que te da por analizar detenidamente todos y cada uno de los actos estúpidos que has realizado en una veintena de años y terminas llegando a la conclusión de que estás loca, que tienes algo dañado en ese embrollo de neuronas que habitan tu cabeza- que no sólo está para lucir tu bonito pelo-.

¿Que por qué estoy loca?
Buena pregunta.
Creo que realmente no tengo una respuesta concreta y precisa para ella, sino un conjunto de sensaciones y recuerdos que me llevan a replantearme mi forma de hacer las cosas.

Soy demasiado impulsiva.
Soy demasiado indecisa.

Que contradicción ¿eh?
Sí, os encontráis ante una contradicción andante, una prueba viviente de que se puede vivir en disonancia continua, aunque eso te cueste el precio de estar como una auténtica cabra.


O quizá sea que estoy madurando.
O que no quiero hacerlo.
O que, simplemente, ya no sé ni lo que pienso.


Pongamos que soy una burbuja. Pongamos que soy una pompa de tu taza de café, rebosante de cafeína, ligera, que de repente desaparece...
Pongamos que soy un yunque. Pongamos que ni siquiera el más fiero guerrero vikingo pueda levantarme de mi sitio.
Pongamos que yo soy la burbuja de tu café, o el humo de tu peta, ligera, efímera, que para ti desaparece pronto, que apenas le prestas atención, que no tiene importancia.
Pongamos que tú eres mi yunque o mi Titánic, hundido e incrustado en el fondo.

Pongamos que, para variar, sé lo que estoy diciendo y que me niego a quererte.
Pongamos que no estoy loca; 
entonces, en ese caso, no te quiero. 









Pero ese no es el caso...

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